¿Por qué escribo?

Una esperanza estúpida entretiene mi pensamiento. Qué ganas tengo de no pensar, pero inevitablemente, pienso. Pues en mi cabeza resuenan los gritos de la responsabilidad.

Un payaso se quita el maquillaje y observa la sonrisa de un niño desde la pista, vibra el silencio a la espera de la muerte de un acto profundo, la imaginación está a punto de desaparecer bajo la carpa. Y al otro lado del mundo, un arquero busca una flecha, dispuesto a atravesar los cielos del mundo con un poema. La memoria de un recuerdo casi extinguido en el tiempo, un recuerdo sacado de una historia nostálgica y triste, pero tan importante como para escribirlo en un pedazo de servilleta o en un viejo cuaderno de los que adornan el escritorio de mi habitación.

No busco un poema entre los recuerdos del olvido, ni enaltecer la prosa con experiencias teñidas de negro, ni quiero convertir las viejas vivencias en maravillosos párrafos de sueño. Odio la simplicidad, pero aprecio un inalterable momento de silencio vacío de ornamentación y lleno de telarañas.

Recuerdo múltiples viajes, una botella de vino en una noche de deseos prohibidos, un taxi perdido en la ciudad desconocida a media noche, el saludo de un desconocido que ilumina la ruta que me lleva a una mañana perdida en la nada.

Rememoro una corta vida anónima dentro del anonimato, escondido de las luces de la ciudad, compartiendo con extraños mi desconocida vida. Siempre buscando ratones que vomiten poemas y gatos que lean novelas en las madrugadas, acompañados por la música de Jazz que surge de la bruma de los callejones.

Soy anónimo, pero no me oculto, porque soy protagonista de las historias que escribo y que leen otros que yo no elijo. Porque mis pensamientos no quedarán perdidos, aunque viajen por el espacio y sin ningún sentido, y chocarán las palabras, unas contra otras, hasta formar la verdad a la cual yo estoy unido, para que me recuerden, me olviden o me critiquen.

Pero la historia quedará grabada, pues a ella todos pertenecemos, porque la historia lo es todo, pero yo no soy nada. Por tanto, no habrá perdón para los que no escriban nada en los papiros, porque no aportarán nada al anonimato de la historia y todo quedará en el olvido. Y es que no existirá nada más, quizá solo el miedo por perder la historia, por despertar y no poder ver el pasado para poder construir un futuro.


Mi poesía

Para mí, la poesía es la más depurada manifestación por medio de la palabra, de los sentimientos, emociones y reflexiones que puede expresar el ser humano.

Intento que la mayor parte de mi poesía se caracterice por el predominio del verso libre, donde el autor pueda buscar su propio ritmo, sin ataduras de rimas o métricas.

No suelo programar qué escribir. Simplemente escribo algo que quiere salir y ser escrito. Puede ser algo interior o puede ser una realidad exterior. Todas mis ideas surgen en esos pequeños momentos de tranquilidad, en la montaña o junto al mar, y luego las desarrollo en casa frente al ordenador.

Yo intento crear fuera del mundo que existe el que debiera existir. Porque tengo derecho a querer ver una flor que habla o un caballo blanco atravesando el arco iris, y el que quiera negarme este derecho o limitar el campo de mis visiones debe ser considerado un simple humano.

Hago cambiar de vida a las cosas, sacando con mi red todo aquello que se mueve en el caos de lo innombrable, tendiendo hilos eléctricos entre las palabras y alumbrando rincones desconocidos.

El lenguaje de la poesía está muy lejos del lenguaje que se habla por la calle, porque el poeta siempre trata de expresar solo lo inexpresable. Por eso, lo que espero que el lector encuentre siempre en mi obra, es ese puro sentimiento que convierte un poema en algo totalmente perfecto. Por eso no solo me importa lo que en él se dice, sino también el cómo está dicho. Pienso que el primer lector es, y tiene que serlo, el propio autor.

Mi poesía intenta siempre conducir al lector más allá del último horizonte, en ese campo que se extiende más allá de lo verdadero y lo falso, más allá de la vida y de la muerte, más allá del espacio y del tiempo, más allá de la razón y la fantasía, más allá del espíritu y la materia. Intento que mis lectores vivan una vida mejor que la que ya existe.