Nelly

Nelly, Nelly, Nelly…

Reclamaba ese personaje incierto al otro lado de la pared, en la habitación contigua del hospital donde yo me hallaba en aquellos difíciles días de mi vida.

¿Quién podría ser la tal Nelly? Quizá pudiera ser su amada esposa, su madre o la terrible pesadilla que le persiguiese en aquel preciso momento. Tres días ya de pesadilla, que en mi cabeza no dejaban de resonar una y otra vez, como el reclamo desesperado de un alma en pena.

¡Qué larga la noche, y qué oscuros mis sueños!

Hoy día, todavía resuenan en mis oídos aquellos gritos insistentes y agonizantes.

Era un día gris y vacío, como de costumbre, en el solemne interior que rodeaban aquellas cuatro paredes blancas de hospital. Un día envuelto en el exterior por una densa niebla, que no dejaba ver casi nada tras el frío cristal. Desde aquella amplia ventana que me separaba de un extenso jardín, únicamente podía apreciar una pequeñísima porción del césped más cercano a ella.

En esos días, estaba pendiente de una operación quirúrgica, algo sin importancia, pero que ya me estaba castigando duramente, gracias al estricto ayuno obligatorio al que estaba sometido. Mi cuerpo solo dependía de aquella maldita vía de suero, lo único que sustentaba mi ser en aquellos momentos.

Nelly, Nelly, Nelly…

De nuevo regresaban las desconocidas y sucesivas lamentaciones que venían del otro lado de la pared. Una reclamación angustiosa por Nelly, tan desconocida para mí, y quizá, también para él, ¿Quién sabe?

La ruptura del apreciado silencio tan anhelado por mí en aquellos momentos, por aquella evocación, comenzaba a pasar de la molestia a la intriga, a la preocupación por el insistente reclamo de Nelly. Ahora, necesitaba saber quién era Nelly, me urgía averiguar porque aquella quebrada voz necesitaba tan arduamente la presencia de Nelly.

Nelly, Nelly, Nelly…

Entonces llegó para mí el ansiado momento, entraron dos celadores en la habitación para prepararme y acompañarme al quirófano, donde el señor anestesista me induciría a un largo y placentero sueño plagado de un vacío inexistente, un universo de la nada.

Nelly, Nelly, Nelly…