Ciencia, arte y filosofía

Durante el día, todos nosotros dependemos de la energía, para comer, calentarnos, vestirnos, movernos, viajar, conectarnos… Y también dependemos del progreso en la medicina, para no tener hijos o tenerlos sanos, para curar nuestras enfermedades o para prolongar nuestra vida lo máximo posible de manera artificial. Resumiendo, dependemos del progreso y de la ciencia y somos felices por ello.

Deberíamos saber perfectamente que el mundo está regulado por leyes mecánicas, termodinámicas, electromagnéticas, nucleares, químicas y biológicas a las cuales apelamos, directa o indirectamente, de manera constantes.

Y entonces, ¿Por qué una buena parte de nosotros se preocupa por supersticiones y supercherías sin fundamento alguno, además de interesarnos por los signos del zodiaco, los horóscopos, los productos de herboristería, la homeopatía, la acupuntura, la videncia, los extraterrestres, los ángeles, los demonios, las Vírgenes que lloran sangre, las peregrinaciones, y destinamos parte de nuestra renta al Vaticano?

El ser humano es muy frágil, el temor a la muerte lo domina, y esa es la razón de las religiones y otras creencias vacías. Todo el mundo persigue la inmortalidad y para conseguirlo se crean religiones y sectas que, a través de la ideología espiritual, movilizan a las masas, y esa masa es como las hormigas.

Dependemos del progreso y de la ciencia, pero también necesitamos el arte. En la naturaleza humana habita el mal, el infierno no es solo los otros, también está en uno mismo, y uno debe de ser consciente. La literatura juega este papel, despertar la conciencia. Hay que salir de los ismos. Es esencial conocer la condición humana, saber que un verdugo no es el diablo, es un ser humano. No podemos cambiar este mundo, solo despertar a nivel individual la compasión y la conciencia, y ese es el papel de los artistas. El artista es un individuo como los otros, pero es más lúcido, tiene criterio propio que lo distancia de la masa.

Solo queda controlarnos a nosotros mismos siendo lúcidos, y para ello contamos con la ciencia, el arte y la filosofía. Dejémonos de pseudociencias, religiones y demás gilipolleces.

Yo puedo ver en la oscuridad, pero siempre porto una lámpara para que nadie ni nada pueda tropezar conmigo.

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